La ley de Parkinson

ley de Parkinson

He tropezado con la ley de Parkinson dos veces en pocos días, en dos libros diferentes, que nada tenían que ver con la autoayuda o la economía. Gracias a la wikipedia, sé que la ley de Parkinson dice que el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine. (es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Parkinson). Ha sido una especie de revelación. Desde hace tiempo, mi vida laboral está regida por esta ley, muy a pesar mío. Éste ha sido mi gran descubrimiento: saber que lo que me pasa ya está inventado, no es una apreciación subjetiva sino una ley tan universal como la ley de la gravedad. Parece ser que esta ley deriva de la observación del trabajo burocrático, y esto es lo que más me conmueve, porque mi trabajo, en teoría, no tiene nada de burocrático. Sin embargo llevo observando, mejor dicho sufriendo desde hace tiempo la aplicación implacable de esta ley. Me refiero por ejemplo al tiempo dedicado a las reuniones. La importancia de la convocatoria nada tiene que ver con el tema a tratar. Tanto da: se trata de ocupar todo el tiempo que se ha adjudicado a la reunión. El tema a tratar se expande hasta ocupar todo el tiempo disponible. Éste es el objetivo: ocupar horas. Es posible estar dando vueltas a un asunto sin llegar a ninguna conclusión. También se da la situación contraria: llegar fácilmente al quid de la cuestión, entonces, sacarse de la manga otro asunto con el que completar el tiempo disponible. La situación se vuelve exasperante (al menos para mí) cuando compruebo que lo que se espera de mí no es eficacia ni eficiencia, sino simplemente tiempo. Tiempo que podría dedicar a trabajos más urgentes y significativos, pero no. El resultado es un sentimiento de frustración total.

La solución también está inventada, pero desgraciadamente no está a mi alcance. Yo no puedo gestionar mi propio tiempo. Mi tiempo, lo más valioso que poseemos, está en manos de mis superiores. En este punto aparece otro caso igualmente exasperante: la falta de puntualidad. Tengo la impresión que empezar las reuniones con media hora de retraso (y por consiguiente terminarlas con media hora de retraso) es una estrategia calculada; resultado: pasar más tiempo en el trabajo. En un trabajo donde, por cierto, el concepto de horas extra no existe.

Ante la imposibilidad de esquivar las reuniones inútiles, y observando discretamente a algunos compañeros, he optado por lo siguiente: situarme en un cómodo segundo o incluso tercer plano, desconectar y dedicarme, mientras el jefe habla, a tareas realmente importantes. Lo que en el colegio llamábamos cuerpo presente y mente ausente. Si lo que se espera de mí es que haga acto de presencia, entonces debo de ser una trabajadora ejemplar, por muy frustrada que me sienta.

He tratado de hallar una explicación a este comportamiento. Creo que se trata de una especie de síndrome de cantidad. Cantidad por delante de calidad. Reflexionando sobre ello, veo que en nuestra sociedad en crisis, lo que prima es la cantidad: la cantidad de horas que dedicas al trabajo, la cantidad de dinero que ganas, la cantidad de viajes que haces al año, la cantidad de artículos que consumes… Poca gente se para a otorgar significado a lo que hace, en lugar de intentar hacer el máximo número de cosas posible.

En mi vida privada, hace tiempo que primo la calidad frente la cantidad sin ningún complejo (porque hay que admitir que existe una gran presión por lo contrario). Llega el fin de semana y no corro histérica a realizar cuantas más actividades sean posibles, sino que selecciono a qué dedico mi tiempo, segura de que la felicidad se encuentra aquí, en la libertad de gestionar mi tiempo. En mi trabajo todavía no he encontrado esta felicidad. No pierdo la fe, aunque la solución la veo lejos. Para terminar, dos leyes más de Parkinson, igualmente reveladoras: los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos; el tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia. Da que pensar. No me explico cómo estas leyes no se han hecho tan populares como las de Murphy.

Autor Invitado

Por Elisenda Cornet, tiene actualmente dos blogs personales POLARITAT y MY WRITING NOTEBOOK

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