El trabajo duro nunca ha matado a nadie – ¿En serio?

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Trabajo duro

Yo apostaría que cuando fuiste niño oíste la frase “El trabajo duro nunca ha matado a nadie”.

Yo puedo entender porque los padres y los profesores dicen esto. Después de todos los niños son muy propensos a quejarse de los deberes del colegio, de las tareas de la casa o de cualquier cosa que no sea exactamente un montón de diversión.

Como adultos a veces también podemos ser reacios a trabajar duro. Tal vez aplazamos los trabajos o los descuidamos.

Sin embargo, muy a menudo trabajamos demasiado duro. Dedicamos muchas horas de trabajo para impresionar a nuestros jefes o simplemente para ganar un poco más de dinero

El punto aquí es que mamá no estaba diciendo la verdad. El trabajo duro puede matar. Piense en:

  • Enfermedades relacionadas al estrés como la migraña, la presión arterial alta e incluso los ataques al corazón.
  • Las malas elecciones de nuestro estilo de vida causadas por el ajetreo (comer a la carrera, no hacer ejercicio) que generan consecuencias a largo plazo como el aumento de peso, diabetes e incluso derrames cerebrales.

En algunos ambientes de trabajo y para algunos grupos de personas existe un culto al trabajo: podrías terminar con la sensación de que tienes trabajar largas horas sólo para mantenerte al día comparándote con los demás.

Trabajo estresante

¿Cómo pudimos llegar a estar tan ocupados?

Si pensamos en ello podemos ver que la cultura de largas horas de trabajo duro parece extraña. Durante los últimos cincuenta años los avances tecnológicos han significado que hoy en día tenemos todo tipo de dispositivos de ahorro de tiempo que nuestros abuelos no tenían como lavadoras, lavavajillas, ordenadores, etc.

De hecho, personas de una o dos generaciones atrás podrían pensar que a estas alturas nuestro principal problema sería tener demasiado tiempo libre.

Pero no ha funcionado así. Algo de esto es por buenas razones – como nuestra necesidad innata de hacer un trabajo productivo y útil. Pero existen también un montón de razones no tan buenas:

  • Trabajamos muy duro porque los anunciantes nos convencen de que tenemos que seguir comprando productos más grandes y mejores.
  • Nos endeudamos porque los bancos han impulsado las tarjetas de crédito e hipotecas impagables.
  • Creemos que la “frugalidad” es una palabra sucia.
  • Hemos sido seducidos por una cultura que nos dice que “tenerlo todo y tenerlo ahora” nos hará más felices.

Tal vez pensamos que esta forma de vida es inevitable. Todos nuestros amigos y colegas están trabajando duro, probablemente en empleos que no les gustan mucho y apenas dejan salir un poco de vapor los fines de semana. Pero, ¿Realmente tienen que ser de esa manera?

¿Qué te importa realmente?

Priorizar el dinero y el trabajo por encima de todo lo demás puede ser fatal. E incluso si no es del todo así, esto puede hacernos pagar un muy alto precio. Estás seguro que:

  • ¿Quieres pasar la mayor parte de tu vida trabajando en algo que no te gusta?
  • ¿Quieres dejar de ver a sus hijos crecer?
  • ¿Quieres poner el dinero antes de tus verdaderos valores?

Tu salud y su felicidad son importantes. Por supuesto que trabajar duro para alcanzar tus metas es un rasgo valioso pero no es lo único que importa en la vida.

Sé que no hay respuestas fáciles. Yo sé que podrías estar en una situación donde tienes que trabajar muy duro para ganarte la vida. Pero si tienes cualquier tipo de elección, yo te insto a comenzar a buscar maneras de disfrutar de la vida un poco más. Eso podría significar recortar los gastos que realizas en cosas que realmente no son importantes y con esto lograr tener más libertad en su lugar.

Si deseas explorar algunas formas de lidiar con el exceso de horas de trabajo, echa un vistazo a estos otros artículos del blog:


Sobre el Autor

Desde joven siempre tuve inquietud por los temas relacionados con el desarrollo personal pero no fue hasta hace algunos años cuando decidí convertirme en un estudiante activo de la psicología positiva, la motivación y la búsqueda del éxito y la felicidad. Autor del libro Camino a la superación.

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